¿Qué pasa si olvidas trabajar profundamente?
Solemos creer que el éxito comercial depende de estar en todas partes: 40 reuniones al día, mil chats abiertos y la velocidad de un "velociraptor". Pero, ¿qué pasa cuando esa misma velocidad nos deja ciegos ante lo que realmente importa?
3/29/20265 min read


Los vendedores y ejecutivos no necesitan trabajo profundo.
Esta fue una idea que me daba vueltas y vueltas cuando leía sobre trabajo profundo, la forma de trabajo que tiene como pilar el enfoque y la concentración. Al reflexionar inicialmente, terminaba pensando que ese tipo de trabajo no va a estar al alcance de todas las personas, de hecho pensaba que sólo quienes logran vivir de los libros, quienes ya son académicos o quienes simplemente se han desprendido de todo cargo operativo, necesitan realmente trabajar de manera concentrada y profunda.
De hecho, en las primeras páginas del famoso libro Deep Work, se habla de un sector específico de la economía que quizás necesita poco o nada del trabajo profundo: Los ejecutivos, los vendedores y los activistas.
¿Por qué?
Bueno, para empezar definamos qué significa Trabajo Profundo. Trabajar de manera profunda significa realizar un conjunto de actividades en un estado de concentración, libre de distracciones donde se lleva las capacidades cognitivas al límite.
Por otro lado, trabajo superficial es estar haciendo de todo un poco, reuniones, correos, mensajes de chat… es decir, son un conjunto de actividades que son logísticamente necesarias, pero que crean poco valor y que si llegan a crear algo, es un valor fácil de replicar.
Entonces, volviendo a ese selecto grupo donde quizás no es tan necesario el trabajo profundo (ejecutivos, vendedores y activistas) podemos ver que pasar 4 horas de absoluta concentración, puede terminar siendo un despropósito si lo que necesitas es estar en todas partes para tomar las mejores decisiones. De hecho el cofundador de lo que entonces era Twitter, Jack Dorsey, lo explica mejor:
Dorsey relata que termina un día promedio con notas de unas treinta o cuarenta reuniones. Por las noches revisar y filtra las notas. En los espacios pequeños, entre todas esas reuniones, pone en práctica la costumbre de estar disponible. “Buena parte de mi trabajo lo hago en las mesas altas sin sillas, donde cualquier puede abordarme —dice —. Puedo escuchar todas las conversaciones que ocurren en la compañía.”
¡30 a 40 reuniones! Pedirle a un alto ejecutivo como él que se siente a trabajar de manera profunda durante 4 horas, sería cambiar totalmente su forma de alcanzar sus objetivos, su forma real de avanzar. De igual manera, pedirle a un vendedor top, que dedique 4 horas de su día a estar en modo monje, cuando en esas 4 horas puede estar en contacto con clientes y cerrando negocios, también suena a algo descabellado.
Ahora, sí estás leyendo esto probablemente confirmes lo mismo que yo sentía en ese entonces: ‘El trabajo profundo no lo necesito en mi rol’
Pero el hecho de que no trabajes de manera profunda, con absoluta concentración durante horas, no significa necesariamente que tu trabajo no sea de admirar.
Y aquí es a donde quería llegar.
Si eres ejecutivo o comercial, definitivamente el 80 o 90 por ciento de tu tiempo disponible va a estar de cara al cliente, buscando resultados. Por lo general tu mejor tiempo invertido es estar en todas partes.Y eso no está mal. Si eres un gran ejecutivo con una ética laboral implacable, seguro quieres estar en todas las reuniones, hacer parte de cada nuevo proyecto, impulsar una nueva área o renovar un plan de negocios por completo.
A ese modo de desempeño lo llamo el modo “Velociraptor”. Ese modo Velociraptor que es cazador ,imparable y obsesivo, es capaz de tener 30 reuniones con 60 clientes (he conocido amigos que tienen todas esas características y verdad te dan la impresión de ser de otra raza) entrega siempre resultados, de eso no tengo dudas. Por eso si la velocidad, la intensidad y el empuje ese es tu mejor tiempo invertido, definitivamente no necesitas de largas horas de concentración.
Estar en ese modo velociraptor, ejecutando con velocidad, intensidad e intencionalidad, es un gran logro en sí mismo. Con estas tres variables personas, empresas y países enteros han construido imperios impensados.
El problema es que tarde o temprano se paga el precio.
¿Cuál es el precio de la velocidad y la falta de profundidad? Austin Kleon nos lo dice fuerte y claro en su último libro - Sigue avanzando:
“Es imposible ponerle atención necesaria a tu vida si siempre vas como un rayo a la velocidad de la luz. Cuando tu tarea es ver lo que los demás no ven, tienes que desacelerar lo suficiente para poder ver.”
Eso es lo que pasa si vas todo el tiempo modo Velociraptor, dejas de ver. Pero, ¿qué es lo que dejas de ver?
Dejas de ver lo que te puede poner a la delantera, dejas de ver lo que tiene significado, dejas de ver lo que te hace crecer, dejas de ver lo que te permite mantenerte a flote a través de las décadas y al final te desconectas de tus dones. Ese es el precio de la velocidad, curiosamente ese costo inicialmente no se da en términos de productividad y resultados, simplemente vas tan rápido que dejas de verte a ti mismo.
Jordan Peterson nos ayuda a ahondar sobre esto en su libro Más allá del orden:
“Era muy consciente de que me estaba perdiendo belleza, significado y entusiasmo, por más eficiente que me estuviera volviendo mi impaciencia. Era estrecho de miras, perspicaz y decidido, de esas personas que no pierden el tiempo, pero el precio que pagué fue la ceguera que exige la eficiencia, el éxito y el orden. Ya no veía el mundo. Solo veía lo justo y necesario para navegar a máxima velocidad y al mejor coste. Nada era sorprendente. Tenía las responsabilidades de un adulto, Tenía un trabajo duro. Tenía que cuidar de mi familia y eso significaba sacrificar el presente para pensar en el futuro.”
Frente a esto, la buena noticia es que el antídoto para esa “ceguera” es la concentración, y lo mejor es que es un antídoto que no está solo al alcance de unos pocos estudiosos, gurús o escritores de libros (como lo pensaba al inicio), está al alcance de todos, es una habilidad incluso evolutiva que está atada a nuestro Ser. Esto me lo hizo saber el gran Robert Greene en sus primeras páginas del libro Maestría.
“Para nuestros antepasados [...]La seguridad y comida dependía de la observación lenta y paciente del entorno, de la aptitud para captar detalles y saber qué podían significar. La supervivencia de nuestros antepasados dependía de la intensidad de su atención. Cuanto más detenida y esforzadamente miraban, mejor distinguían entre oportunidad y peligro”
¡Eso es magnifico!
Saber que la concentración es una habilidad primaria, que está atada a nuestra naturaleza humana y que todos tenemos acceso a ella gracias a 6 millones de años de evolución es liberador. Ya tienes la concentración, ya te la ganaste como superpoder.
Depende de ti cuando desbloquees ese super poder para usarlo de nuevo cuantas veces quieras.
No tienes que pagar altas sumas de dinero o irte de viaje para tener 1 hora de enfoque en algo que te apasiona.
Así que, sin ser un gurú de la concentración, solo quiero agradecerte por leer hasta acá (ya tuviste que concentrarte para leer todo este reguero de palabras) y solo quiero pedirte que pongas tu celular en modo avión por 25 minutos y hagas algo que te exija al máximo, sin prisa, pero sin interrupciones, porque todos necesitamos explorar ese super poder llamado: Trabajo profundo.

